domingo, 20 de diciembre de 2015

Cumbre de Paris 2015, retos y desafios

El mundo se prepara para unirse en la lucha contra el cambio climático en un compromiso vinculante y definitivo que permita una reducción significativa en las emisiones contaminantes a partir del año 2020. Su cita, la Cumbre de París de 2015.
Los históricamente conocidos como países desarrollados, la fuerza con la que están irrumpiendo las economías emergentes y el gran potencial de desarrollo que hay para los demás países del mundo hacen que el escenario mundial se conforme de un modo completamente diferente al que hemos conocido. Numerosos cambios económicos, políticos y sociales están sucediendo, pero para crear sistemas socioeconómicos equilibrados y que perduren en el futuro, se antoja imprescindible un espacio energético equilibrado y medioambientalmente sostenible, además de un compromiso en la lucha contra el cambio climático y a favor del medioambiente.
Tras otros veinte encuentros anteriores, en Copenhague, Lima o, el más conocido, celebrado en Kyoto, la Conferencia de las Partes de París, o COP 21, debe convertirse en la cita definitiva de la debe obtenerse un compromiso vinculante internacional para la reducción de estos gases de efecto invernadero. La ambiciosa predisposición de una importante parte de los países participantes hace pensar que es posible lograr los objetivos marcados: reducir en las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40 % en 2030 y un 60 % en 2040 con respecto a lo establecido en 1990, y limitar el incremento de la temperatura global en menos de 2º C.
 
Pese a que compromisos tan importantes deberían ser tratados siempre a nivel global, la realidad es que cada país se ve fuertemente influenciado por su situación económica, industrial, cultural, geográfica y, por supuesto, política. La falta de éxito de reuniones anteriores ha residido fundamentalmente en los intereses y las estrategias de los diferentes grupos de países participantes.
La evolución demográfica y económica mundial ha producido cambios globales en la forma de concebir la producción y el uso de la energía. La población continúa creciendo, mientras, pese a los esfuerzos en investigación y desarrollo de nuevas formas de generación convencional y renovable, el suministro se encuentra limitado por la propia capacidad de producción. Sin embargo, los países tienen la necesidad de garantizar un suministro de energía de calidad y estable para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos. En este punto es en el que la reunión de París se convierte en un desafío fundamental para el futuro, ya que debe conseguir vincular a los países a llevar a cabo políticas energéticas respetuosas con nuestro planeta y con el medioambiente.
 
 

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